¿Que Creemos?

 

"Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor."  Efesios 4:13-16

LA BIBLIA ES INSPIRADA POR DIOS

Y ES LA PALABRA INFALIBLE DE DIOS

 

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,” (2 Ti. 3.16). 

 

La Biblia es la única autoridad dada por Dios que el hombre posee, y por lo tanto, toda doctrina, fe, esperanza, y toda instrucción para la iglesia debe basarse y estar en armonía con ella. Debe ser leída y estudiada por todos los hombres, y solo puede ser plenamente comprendida bajo la dirección del Espíritu Santo. (Lc. 24.45). 

 

“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2 P. 1.19-21). 

 

Es la voluntad de Dios sacar del mundo un pueblo salvo para la gloria de su nombre, pueblo que constituye la iglesia de Jesucristo, la cual debe estar edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. (Ef. 2. 20; 1 Co. 3.11), 

 

Tambien se hace necesaria la permanente comunión entre los miembros de la iglesia; impartir consejos y ser instruidos en la Palabra de Dios para la obra del ministerio, y para el ejercicio de los oficios espirituales provistos en la Santa Biblia, 

 

 

EMANUEL: DIOS CON NOSOTROS

 

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.” (He. 1.1-2).

El Dios invisible prometió darse a conocer y lo cumple mediante el cuerpo que Él emplea para la realización de su obra.

“...a través del velo esto es, de su carne.” (He. 10.20).

“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Más me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: he aquí que vengo, oh, Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.” (He. 10.5-7).

 

 

CREEMOS QUE JESÚS ES EL ÚNICO

Y SABIO DIOS

 

Entonces Tomás respondió y le dijo: ‘¡Señor mío, y Dios mío!” (Jn. 20.28).

 

“De quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.” (Ro. 9.5).

 

“Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.” (1 Jn. 5.20).

 

 

CREEMOS QUE JESUCRISTO ES EL VERDADERO DIOS Y EL PERFECTO HOMBRE

 

“Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.” (1 Jn. 5.20).

 

...y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.” (Jn. 5.27).


“El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.” (1 Co. 15.47).

 

Este solo Dios verdadero se manifestó en el Antiguo Testamento de varias maneras, en el Hijo cuando caminó entre los hombres, y como el Espíritu Santo después de la ascensión.

El solo Dios verdadero, Jehová del Antiguo Testamento, tomó sobre si la forma de un hombre, y como el Hijo del Hombre, nació de la virgen María. Como dice Pablo:

 

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.” (1 Ti. 3.16).

 

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” (Jn. 1.11).


Este solo Dios verdadero, se manifestó en carne, es decir en su Hijo Jesucristo.

 

“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados...” (2 Co. 5.19).

 

CREEMOS QUE EN ÉL (JESÚS) HABITA CORPORALMENTE TODA LA PLENITUD DE LA DEIDAD

 

“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. (Col. 2.9).

 

“Por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud.” (Col. 1.19).

 

Por lo tanto, Jesús en su humanidad era hombre; y en su Espíritu era y es Dios. Su carne era el Cordero o sacrificio de Dios. Él es el único mediador entre Dios y el hombre.

 

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” (1 Ti. 2.5).

 

Jesús por parte de su Padre era divino, por parte de su madre humano; por eso fue conocido como el Hijo de Dios y también como el Hijo del Hombre, o el Dios hombre.

 

“Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas”. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a El todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Co. 15.27-28).

 

“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (Ap. 1.8).

 

EL NOMBRE

 

Dios usó diferentes títulos tales como: “Elohim”, Dios; “El Shaddai”, el Dios Todopoderoso; “Jehová”; y especialmente “el Señor Jehová”, el nombre redentor que uso Dios en el Antiguo Testamento.

 

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.” (Is. 9.6).

 

La profecía de Isaías se cumplió cuando se le puso nombre al Hijo de Dios.

 

“Y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mt. 1.21-23).

 

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hch. 4.12). 

ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN

 

La remisión y el perdón de los pecados son obtenidos por un genuino arrepentimiento y conversión, confesando y dejando el pecado.

Somos justificados por la fe en el Señor Jesucristo (Ro. 5.1).

 

Juan el Bautista predicó arrepentimiento, Jesús lo proclamó y los apóstoles lo enfatizaron tanto a judíos como gentiles, (Hch. 2.38; 11.18; 17.30).

 

La palabra “arrepentimiento” es derivada de varias palabras griegas, que traducidas literalmente significan cambiar de ideas y propósitos. Es un cambio de corazón, un cambio de mente, un cambio de vida, una transformación.

 

El Señor Jesús dijo:
“Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” (Lc. 13.3).

 

“Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.”  (Lc. 24.47).

 

BAUTISMO EN AGUA

 

El modo bíblico del bautismo es por inmersión, y sólo es para aquellos que se han arrepentido, habiéndose apartado del pecado y del amor al mundo.

Debe ser administrado por un ministro del evangelio propiamente autorizado, en obediencia a la Palabra de Dios y en el nombre del Señor Jesús de acuerdo con el libro de los Hechos de los Apóstoles en 2.38; 8.16; 10.48; 19.5. Así, obedeciendo y cumpliendo con el mandamiento de Jesucristo en Mt. 28.19.

 

EL BAUTISMO DEL ESPÍRITU SANTO

 

Juan el Bautista dijo:
“...Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mt.3.11).

 

Jesús dijo:

“...mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” (Hch. 1.5).

 

Lucas dice:

“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” (Hch. 2.4).

 

La expresión “don del Espíritu Santo” se refiere a que la promesa es una dádiva o un regalo.

 

El término “bautizados con el Espíritu Santo”, se refiere a la experiencia recibida por los apóstoles en el aposento alto y por todos los creyentes en todos los tiempos y lugares.

 

La expresión “lleno del Santo Espíritu”, se refiere al reabastecimiento constante de la unción, lo que implica un caminar diario bajo la influencia del Espíritu Santo. Todos estos términos se encuentran en el Nuevo Testamento.

 

Es bíblico que todo aquél que ha recibido el bautismo del Espíritu Santo, haya tenido la evidencia de hablar en otras lenguas.

El hablar en otras lenguas como aparece en Hch. 2.4; 10.46; 19.6, es la evidencia de haber recibido el bautismo del Espíritu Santo.

 

El don de lenguas como se explica en 1 Co. 12-14, es el mismo Espíritu, operando con diferente uso y propósito.

 

El Señor por medio del profeta Joel dijo:
“Y derramaré de mi Espíritu sobre toda carne.” (Jl. 2.28).

 

Y Pedro en su explicación el día de Pentecostés de ésta fenomenal experiencia dijo:

 

“Habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, él (Jesús) ha enviado esto que vosotros veis y oís.” (Hch. 2.33).

 

Aún dice más:

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hch. 2.39).

 

DOCTRINAS FUNDAMENTALES

 

Las doctrinas fundamentales de salvación proclamadas por esta organización corresponden al plan completo de salvación establecido en la palabra de Dios. Estas doctrinas son:

  • El evangelio.

  • La fe.

  • La gracia.

  • El arrepentimiento.

  • La conversión.

  • Bautismo por inmersión en el Nombre del Señor Jesucristo.

  •   El bautismo del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas

 

Debemos trabajar para mantener la unidad del Espíritu, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Efesios 4.13).

 

A la vez, se aconseja a los creyentes a no contender por diferentes ideas personales, que puedan desunir al cuerpo.

 

LA GRACIA DE DIOS Y LA SALVACIÓN DEL HOMBRE

 

JUSTIFICACIÓN

La gracia es el favor inmerecido por el cual Dios rescata al hombre habilitándole para una vida nueva, pasando por alto en su paciencia los pecados pasados.

 

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia los pecados pasados.” (Ro. 3.24-25).

 

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.” (Tit. 2.11- 12).

 

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo." (Jn. 1.17).

 

El cristiano debe guardarse en la gracia y en el amor de Dios para conservar su salvación. Cuando una persona comete trasgresión y peca contra Dios, pierde su favor. Si continúa cometiendo pecado y no se arrepiente, finalmente se perderá y será lanzado al lago de fuego (He. 6.4- 6).

 

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.” (Ef. 2.8).

 

LA FE

 

“Es, pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (He. 11.1).

La fe es el resultado del oír y recibir el evangelio de la gracia de Dios.

 

“Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Pues si por la trasgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.” (Ro. 5.2, 10,17).

 

“Y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre.” (Ro. 1.5).

 

LA SANTIDAD

 

“Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Co. 6.11).

 

Vivir piadosamente debe caracterizar la vida de todo hijo del Señor, y debemos vivir de acuerdo con el modelo y ejemplo dado en la Palabra de Dios.

 

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.” (Tit. 2.11- 12).

 

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.” (1 P. 2.21-23).

 

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”  (He. 12.14).

 

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como un cordero sin mancha y sin contaminación.” (1 P. 1.15-19). 

 

SANTA CENA (PARTIMIENTO DEL PAN)

 

La noche que nuestro Señor fue entregado, celebró la Pascua con sus discípulos, después de lo cual instituyó la cena del Señor.

 

“Y tomó el pan y dio gracias, lo partió y les dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.” (Lc. 22.19-20).

 

El apóstol Pablo instruyó a la iglesia sobre la forma de observarla (1 Co. 11.23- 34). Así fue instituido el uso literal de pan sin levadura y el fruto de la vid, los cuales se toman literalmente, como un emblema de su cuerpo quebrantado y su sangre derramada. Hay también un significado espiritual y una bendición al participar de este sacramento lo cual es un recordatorio de su muerte y resurrección.

LA IGLESIA

 

La iglesia es el cuerpo de Cristo, conformados por los llamados por el evangelio alrededor de la persona y obra del Señor Jesucristo, incorporados a ella por la obediencia a la verdad.

 

“Y yo también te digo, que tu eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mt. 16.18).

 

Sus prácticas y doctrinas están contenidas en la Palabra de Dios.

 

“Y sometió todas las cosas bajo sus píes, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” (Ef. 1.22-23).

 

“Un cuerpo y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación.” (Ef. 4.4).

 

“Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.” (Col. 1.18).

 

LA RESURRECCIÓN

 

Es la esperanza del cristiano:

“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de desecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios, al cual veré por mí mismo y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.” (Job 19.25-27).

 

“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.” (Sal. 17.15).

 

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque este muerto, vivirá.” (Jn. 11.25).

“Pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.” (2 Ti. 1.10).

 

De Jesucristo

La resurrección de Jesucristo marca la esperanza del cristiano.

 

“Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.” (Hch. 2.31), (Hch. 4.2; 1 Co. 15.1-20).

 

De los justos

La resurrección de los justos es la promesa de Dios a través de los patriarcas, profetas, del Señor y de los apóstoles como la culminación de la carrera cristiana.

 

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.” (Dn. 12.2).

 

“Por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.” (1 Co. 15.21).

 

“Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” (Ap. 20.5-6).

 

De los injustos

Dios efectuará la resurrección de los injustos para traerlos a juicio ante el trono blanco.

 

“Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hch. 17.31).

 

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Jn. 5.28-29).

 

“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.” “Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Ap. 20.11, 15).

 

EL RECOGIMIENTO DE LA IGLESIA

 

Creemos que se está acercando el tiempo de la aparición del Señor. (1 Tes. 4.13-17).

 

“Sorbida es la muerte en victoria (1 Cor. 15:51-54), (Fil. 3.20-21).

 

Este gran acontecimiento se efectuará antes de la Gran Tribulación. (Is. 26.20-21; Rom. 5.9; 1 Tes. 1.10; Apoc. 3.10).

 

LA SEGUNDA VENIDA DE JESÚS

 

Que Jesús viene por segunda vez en persona, tal como se fue, está claramente indicado por el mismo Señor Jesús, y fue predicado y enseñado por los apóstoles en la iglesia primitiva.

 

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.”
(Mt. 24.30).

 

“Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.” (Hch. 1.10-11), 

 

(Hch. 3.19-21; 1 Co. 11.26; Fil. 3.20-21; 1 Ts. 4.14-17; Tit. 2.13-14).

 

El MILENIO

 

El milenio es el período de la restauración de todas las cosas de que hablan los profetas y los apóstoles. (Is. 2.1-4), (Is. 11.1-10), (Hechos 3.20-22), (Rom. 8.19-22).

 

Entendemos que aunque las Escrituras enseñan la restitución de todo, no encontramos dónde se hable que el diablo, sus ángeles y todos los pecadores,

toman parte de dicha restitución. (Apoc. 20.10).

 

El JUICIO FINAL

 

En el Juicio Final participarán todos los hombres que hayan muerto sin Cristo, y los que estén sobre la tierra en el tiempo de purificación. Este juicio se efectuará al final del milenio, y también se le conoce con el nombre de Juicio del Trono Blanco.

 

La iglesia no será juzgada sino que ella misma intervendrá en el juicio que Dios tiene preparado. (1 Cor. 6:2-3) ; (Rom. 2:16).

 

PLAN FINANCIERO DE DIOS

 

El diezmo es el plan financiero de Dios con el fin de proveer para su obra, y ha existido desde los días de Abraham.

 

El diezmo vino desde Abraham por fe. El Diezmo es de fe pues reconoce que siendo Dios dueño de todo y quien ha provisto para nosotros, se le da una parte que le corresponde a El en los de la fe. El restante es bendecido al poner a Dios primero.

 

La ley de Moisés lo ordenó e Israel lo practicó cuando estaba bien con Dios.

 

Jesús lo aprobó en Mt. 23.23. No debemos robar a Dios su porción, es decir, los diezmos y las ofrendas. (Mal. 3; He. 7.2-10).

 

EL ESTADO Y LA IGLESIA

 

Estamos de acuerdo en la separación del Estado y la Iglesia, y que ninguno debe intervenir en los asuntos íntimos del otro, pues aquí se cumple el precepto bíblico de “dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.” (Mr. 12.17).

 

Los cristianos pueden participar en actividades cívicas de acuerdo a sus capacidades e inclinaciones políticas, pero reflejando sus ideas personales y no las de la iglesia, que siempre es neutral y tiene cabida para todos los hombres al mismo tiempo.

 

Los cristianos deben obedecer a las autoridades civiles y todas las leyes y disposiciones que emanen; siempre que no contradigan sus principios religiosos o los obliguen a hacer cosas en contra de su conciencia (Ro. 13.1- 17).

 

EL MATRIMONIO

 

Creemos que el matrimonio es un estado santo que fue establecido desde el principio y es honroso en todos, que debe de durar hasta que la muerte los separe. (Gn. 2.21-24; Mt. 19.1-5; He. 13.4). Es la unión entre un hombre y una mujer de acuerdo a las Escrituras (Mt. 19.4-5; Gn. 2.23-24; 1 Co. 7.39; Ro. 7.1- 3).

Los matrimonios deben verificarse según las leyes del país y luego solemnizarse en la iglesia. Las parejas que no hayan legalizado su unión y deseen bautizarse, deben cumplir primero con los requisitos de las leyes civiles.

Creemos que el matrimonio es una unión que debe perdurar mientras viven los dos cónyuges. Al morir uno de ellos, el otro queda libre para casarse, y no peca si lo hace en el Señor (Ro. 7.1-3; 1 Co. 7.39).

 

 

DIVORCIO

 

Solo es factible cuando las causales se ajusten a lo estipulado en la palabra de Dios, que enseña que es la parte inocente la que puede hacer uso de ese derecho de volverse a casar. (Mt. 19.9).

 

Ningún ministro deberá casar a un miembro de la iglesia con una persona inconversa (2 Co. 6.14).